¿Es el ingreso mínimo vital la solución prometida?

El Ingreso Mínimo Vital (IMV) ha cumplido 4 meses desde el instante en que el Gobierno lo puso en marcha. En este tiempo hemos vivido una montaña rusa de información y cambios respecto a dicha prestación. Lo que nos hace plantearnos: ¿Es el ingreso mínimo vital la solución prometida?.

Si bien es verdad que el inicio de una prestación económica a escala nacional se suponía que fuera, cuanto menos, difícil. Pero asimismo se aguardaba que el Gobierno estuviera a la altura de la situación tan grave que vivimos, a raíz de la pandemia mundial por la COVID-diecinueve.

Se han necesitado numerosas modificaciones a fin de que se agilice la administración de las peticiones, que han estado prácticamente tres meses atascadas. La causa, la falta de personal y la dudosa gestión de la documentación requerida a los solicitantes.

Desde nuestra página web hemos lanzado abundantes artículos cubriendo la actualidad, examinando los requisitos de la prestación, y también notificando de cada detalle que hemos creído esencial. No obstante, hemos visto recomendable ir más allí, y lanzar ciertas preguntas que nos brotan.

¿Es el IMV suficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia? ¿Es posible que resulte excluyente para determinados colectivos? ¿Sería preciso comprobar las condiciones que se les imponen a las personas en situaciones más desfavorecidas?

¿Quién puede pedir el IMV de manera exitosa?

Durante estos meses hemos detectado múltiples situaciones en las que percibir o bien incluso pedir el IMV resulta imposible.

Por ejemplo, en los últimos días nos hallamos con las declaraciones del ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá, en las que apunta que una de las mayores «dificultades» debe ver con la situación de aquellas personas que conviven en un piso que alquilan por habitaciones. Ya que resultaba complicado determinar la unidad de convivencia que formaban, y que, se servirán de trabajadores sociales para determinar si existen nudos familiares o bien no entre las personas convivientes en un piso de alquiler. ¿Es verdaderamente tan complicado determinar la unidad de convivencia?, ¿o bien estamos frente a una disculpa más para ahorrar en gasto de presupuesto?

Ante este planteamiento podemos observar 2 cosas: el incluir a trabajadoras sociales en la ecuación no va a hacer más que retrasar el procedimiento y incorporar una carga laboral a un ámbito tan colapsado y falto de personal tal como lo son los servicios sociales. Y por otra parte, se puede ver un desinterés en incluir a todas y cada una aquellas personas que no prosigan el modelo de hipoteca y unidad familiar de convivencia.

Quizá solo habría que mirar las rentas básicas de las comunidades autónomas, en las que se viene justificando sin aparente inconveniente la relación que puedan tener 2 compañeros de piso. Además, la unidad familiar solo es tenida en cuenta hasta el primer grado de consanguineidad, en el que no se incluirían hermanos, abuelos, nietos o bien cuñados.

Este punto es fundamental a tomar en consideración, puesto que la realidad es que en este país hay muchas familias extensas que conviven progenitores, hermanos, cónyuges y sus hijos en un domicilio por falta de medios de tipo económico. Estas familias en general se sostienen con pensiones y salarios bajísimos, con los que les resulta imposible ocupar un domicilio propio para cada unidad familiar. Pero la suma de ese salario les impide acceder, en un caso así, al IMV.

Ejemplo

Pongamos un ejemplo: nos hallamos a una familia formada por seis miembros. Matrimonio (padre y madre), 2 hijas jóvenes y 2 menores, fruto de una de las hijas. Digamos que la madre, con suerte, tiene un salario medio, cerca de los novecientos€, el marido cobra el subsidio por desempleo de cuatrocientos treinta€. Una de las hijas está cursando estudios, con lo que no tiene ingresos. La otra hija, está desempleada, sin derecho a paro, y con 2 hijas pequeñas de las que consigue una pequeña conservación y la prestación por hijo a cargo. Entre todo no llega a cuatrocientos€, aparte de la complejidad de acceder a un puesto al estar al cuidados de 2 menores.

En total en esta unidad familiar entran más o menos mil setecientos€ para seis personas, de los que va a haber que quitar hipoteca, facturas de suministros, comestibles y gastos escolares de los 3 miembros en estudios. El máximo que una familia puede ingresar a fin de que le concedan el IMV es de mil quince€, con lo que a esta familia se le rechazaría. ¿Podemos aseverar que seis personas pueden vivir con estos ingresos y en consecuencia no precisan acceder a una renta básica?

Con este caso de ejemplo podemos ver que el IMV no alcanza ni de lejos a la población carente de ingresos que desgraciadamente abunda en este país.

Solicitantes con complejidad de acceso

Ya hemos visto las contrariedades de las personas en alquiler y las grandes familias, mas no termina acá.

A las personas demandantes que vivan solas menores de treinta años se les demanda como requisito que acrediten su independencia económica. Además que tengan doce meses cotizados así sean continuos o bien no, debiendo haberse contabilizado en los 3 últimos años. Con este género de obligaciones no se hace más que obstruir la bastante difícil labor de independizarse y salir adelante para la juventud de en nuestros días.

Por otro lado, las parejas de hecho van a deber acreditar que forman una unidad de convivencia con un mínimo de un par de años de antigüedad. Es decir, que una pareja que contrae matrimonio no debe probar que son familia, mas una pareja que no esté casada. Se le demanda que esté constituida como pareja en verdad, y además de esto, desde hace más de un par de años. En este apartado relumbra el estancamiento en los modelos familiares del pasado, los que poco deben ver con nuestra realidad familiar y social actual.

Solicitantes excluidos

Por último no podemos dejarnos atrás otros 2 grandes colectivos que siempre y en todo momento se hallan afectados: inmigrantes irregulares y personas sin hogar.

Las personas inmigrantes que vivan en este país y también situación irregular, no puede pedir el ingreso mínimo vital de ninguna forma. Ya que infringen el requisito de tener un año de vivienda legal en España. ¿Qué sentido tiene excluirles de esta manera?. No es más que otra piedra en el camino para tantas personas que malviven sin posibilidad de acceder a un empleo que les deje regular su situación administrativa.

En cuanto a las personas sin hogar, pueden encontrarse con las trabas que este colectivo generalmente tienen frente a la administración de trámites y peticiones, semejantes como; el requisito de empadronamiento de un año en España. La obligatoriedad de presentar trámites telemática o bien presencialmente, haber cotizado un año en la seguridad social y estar anotado como demandante de empleo, si bien este último se pueda acreditar a posteriori.

Cuantiás irrisorias

Llegados a este punto, semeja muy complicado acceder al IMV, si bien no es de esta manera. Son muchas las personas que se van a poder favorecer de esta prestación. Sin embargo, deseamos destacar un último punto, mas no por este motivo menos importante: la cuantía a percibir.

Conocemos la tabla en la que se definían los umbrales en los que se enmarcaba cada caso, mas esa cantidad que aparece no necesariamente es la cuantía que se va a recibir, sino más bien el máximo posible a percibir.

¿Esto qué desea decir?

Esto querría decir que una familia se puede hallar que, siendo por poner un ejemplo, 2 adultos y 2 menores, a los que les correspondería ochocientos setenta y siete€. Se les descuentan los ingresos que tuvieron en dos mil diecinueve, si bien hoy en día carezcan de ingresos y esa cantidad sobrante es lo que cobrarían.

Así nos estamos encontrando entre los primeros demandantes que les ha sido aprobada la prestación, que les han concedido cantidades irrisorias, puesto que el mínimo a percibir mensual son once euros.

Por lo tanto, se da el en el caso de que a una persona con contrariedades económicas le anunciaron una renta básica y digna, se ha encontrado con numerosas trabas burocráticas, una larga espera de meses y que cuando por fin se le aprueba la prestación, recibe una cuantía de sesenta€ mensuales e inclusive menos, como hemos conocido habitualmente.

¿Es como el Gobierno pretende mitigar la gravedad de una pandemia mundial? Quizá es el instante de reconsiderar el sistema del Ingreso Mínimo Vital y valorar cuales son los fallos primordiales que hacen que esta prestación no tenga el éxito prometido.

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