Invisibles y desconocidas #25N

Invisibles y desconocidas #25N mayo 11, 2021 Mujer, Violencia de Genero #25N, #MUJERESCONVOZ
 
Os presentamos a Juana González. Seguramente ignota para más personas de las que podéis imaginar. Alguien que podríamos admitir que influyó a contadas personas a lo largo de su vida y recuerdo, mas de la que muchas otras mujeres se pueden sentir identificadas.

Ella nació en mil novecientos veintiocho en un pueblo de Asturias. Con pocos años de edad fue llevada al lado de su hermano a Alcoy debido a la Guerra Civil. Allí fueron acogidas por familias diferentes, separadas.

A día de el día de hoy tendría ochenta y ocho años, no obstante, en el mes de agosto de mil novecientos ochenta y uno se abalanzó desde la cuarta planta de su piso de El Campello, muriendo al momento.

Juana era emprendedora, una mujer avanzada a su temporada. Sin estudios superiores mas con carné de conducir. Tenía una vida supuestamente normalizada: con su esposo, 2 hijos, una casa humilde y una casa en la costa. Con su madre adoptiva sostenía una angosta relación, quizá demasiado angosta. Tenía un trabajo familiar que fue adaptándose en función de las circunstancias, como podíamos ver en “Cuéntame”, y tenía un hobbie primordial que inculcó a sus hijos, el arte. Nunca olvidó los hechos del pasado, mas la vida proseguía.

La industria del textil degeneró sensiblemente en la zona de Levante a lo largo de las décadas setenta y ochenta, influyendo de esta forma en la pequeña tienda familiar de jergones. Reorientaron los sacrificios hacía la adquisición venta de joyas. El negocio funcionaba bien hasta el momento en que los recuerdos y las emociones brotaron de forma fuerte.

Los siguientes años fueron duros, había avatares, instantes estables, recaídas, viajes para efectuar consultas con médicos relevantes de la temporada. Juana fue diagnosticada, tenía depresión. Llevaba la enfermedad con discreción, padeciendo en silencio salvo con su marido, que se volcó en ella. El marido desatendió la familia y los negocios. El hijo mayor vivía la vida libre, Mallorca, Barcelona, Alicante. El hijo pequeño, con quien más vinculación tenía Juana, vivía en casa, percibía la situación enrarecida, comenzó sus cursos superiores en Barcelona.

Fue ese verano de mil novecientos ochenta y uno, estando Juana con su hijo pequeño ya mayor de edad, que le prestó dos mil pesetas y le afirmó, “vete a comprarte algo, diviértete”. El chaval deseaba estar, sentía algo. Ella insistió y al final se fue. Al rato de irse. Juana se abalanzó desde la cuarta planta de su piso, muriendo al momento.

Juana estaba enferma, no estaba desquiciada. ¿Qué se podía hacer en esta situación? Ni el reconocido Doctor N. pudo hacer nada. ¿Qué vio Juana? ¿Qué sentía? ¿De qué manera era la relación con su madre adoptiva? ¿Y con su marido y también hijos? ¿Veía a su hermano? ¿De qué manera se podría encarar esta situación? Respuestas imposibles de descubrir ahora. Juana no está, mas su recuerdo prosigue presente. Muchas mujeres prosiguen vivas mas prosiguen padeciendo. No estamos solas, nuestro sentimiento importa y estamos en nuestro derecho a cerrar heridas del pasado.

Con este artículo no charlamos de las grandes acciones de las mujeres más conocidas, si bien aún ignotas. Hablamos de las pequeñas experiencias de aquellas que viven en la sombra de una dura historia de sufrimiento y de desesperación enquistada. Una temporada en la que no se tenía apenas en cuenta a las mujeres y en la que padecían las primordiales consecuencias de las acciones de los hombres.

Queremos reivindicar la dignidad de las mujeres que padecieron desde el momento en que nacieron hasta el momento en que murieron, en un caso así a raíz del suicidio, por la vida que les escribieron a consecuencia de la desidia de los hombres.

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