La educación pública se resiente por los recortes

El Gobierno Central invertirá menos en la educación pública en el curso dos mil catorce-dos mil quince, una mengua de financiación que se aprecia singularmente en el campo universitario. Por segundo año sucesivo hay menos dinero libre para abonar los estudios no obligatorios (Bachillerato, Formación Profesional y Universidad). En plena crisis económica, con un mercado de trabajo inútil de absorber a más de la mitad de los jóvenes en edad de trabajar, y con la emigración como vía opción alternativa para la busca de empleo, la capacitación y la educación universitaria se transformaban en una vía de escape. Muchos jóvenes en paro habían decidido regresar a las salas para conseguir un título universitario o bien de formación profesional, capaz de dotarles de mejor capacitación y una mejora de sus capacidades, en vista a conseguir un puesto de mayor calidad.

Como consecuencia de las políticas de limitación presupuestaria llevadas a cabo por el gobierno central, el número de universitarios ha descendido drásticamente en cuarenta y cuatro pupilos menos desde el principio de la subida de tasas. La medida, protegida como positiva por campos del Ministerio de Educación, fue contestada por múltiples huelgas generales universitarias. El rechazo asimismo fue total entre enseñantes, pupilos y progenitores, como entre los primordiales sindicatos del campo. Uno de ellos, Comisiones Obreras, ha estimado que “el 95% de los estudiantes que dejaron la Universidad cursaban estudios en centros públicos”. Esto ha favorecido, no obstante, a los estudios de Posgrado, considerablemente más costosos y que se dan esencialmente en el campo privado. “El número de alumnos de los posgrados privados es de 86.753 frente a los 33.302 de la enseñanza pública”, apunta Julio Serrano, miembro del sindicato.

Según la última estadística efectuada por el propio Ministerio de Educación, Ciencia y Deporte (MECD), el número de adjudicatarios de becas en Infantil, Primaria, ESO y Educación Especial asimismo se redujo en un treinta y cinco%, pasando de más de 1.600.000 pupilos a poco más de 1.000.000. La reducción se debe a que en comunidades como Madrid o bien Castilla la Mancha se ha anulado los programas de ayudas para libros de texto y material escolar, que sí han mantenido no obstante comunidades como Andalucía. Para poder mitigar el déficit de la economía de España, gobierno central y muchas zonas terminaron con unas ayudas que resultaban esenciales para muchas familias españolas.

Los colectivos más frágiles, con sus miembros en paro o bien con ingresos escasos, precisan de un esmero de la administración pública que pueda asegurar a sus hijos la accesibilidad a los libros de texto precisos para poder proseguir con su capacitación escolar.

Además, para muchos de estos pequeños, “el comedor escolar era la única comida caliente del día”. Es lo que señalaba con esmero Sonia Tirado, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos (FAPA) de Alicante, que se ha quejado asimismo, en una entrevista para el diarioinformación.com, de la “situación tan precaria” en que ha quedado la educación pública con los recortes gubernativos, que “han llegado a la supresión de aulas, el recorte de becas comedor, la desaparición del bonolibro universal y la disminución de porcentajes becados para transporte y actividades extraescolares”.

Muchas familias de distritos humildes, como ocurría hace décadas en este país, ya mandan a sus hijos a buscar empleo sin tener edad legal para esto, con el propósito de procurar mitigar la falta de ingresos de los miembros mayores de la familia por culpa del alto nivel de desempleo que se padece.

Ante esta situación extrema, y con los recortes y la minoración de inversión en la educación pública a todos y cada uno de los niveles, España corre un serio peligro de involucionar y regresar a estándares educativos bajos en la media europea. El panorama, de proseguir los recortes y la carencia de financiación suficiente en la enseñanza pública, puede llegar al punto de que solo las familias con recursos admisibles van a poder permitirse tener a sus hijos estudiando hasta el nivel universitario. Un espectro, el de la desigualdad educativa crónica, que parecía superado hace décadas.

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