Las personas con discapacidad y sus relaciones afectivas

afectivo-sexual

 

Como todos, o bien la mayor parte de nosotros, pudimos leer en los últimos días, nuestro Gobierno pretendía desde el próximo diecisiete de junio, la entrada en vigor de una modificación en el art. cincuenta y seis del Código Civil. Por medio de este artículo, se pretendía que de la misma manera que las personas con una discapacidad mental, aquellas que sufren una discapacidad sensorial (visual o bien auditiva) precisarán de un dictamen médico que les autorizara para casarse.

Desde el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) se tacho está medida como anticonstitucional, planteando que el convocado artículo dictase que:

 

Quienes deseen casarse acreditarán anteriormente en acta o bien expediente gestionado de conformidad con la legislación del Registro Civil, que reúnen los requisitos de capacidad y la inexistencia de óbices o bien su dispensa, conforme con lo previsto en este Código. Las personas con discapacidad que precisen apoyos para la toma de resoluciones no van a poder ser excluidas por motivo de su discapacidad del derecho a casarse, siendo obligación de las autoridades y funcionarios que intervienen es estos procedimientos proveer de los apoyos precisos para la capacitación y emisión de su permiso.

 

Después de la propuesta del CERMI, y por suerte, la entrada en vigor de dicha modificación ha sido anulada, de manera que las personas que sufran una discapacidad sensorial no precisaran del permiso médico para casarse de manera libre.

Desde ayudas-cursos-sepe.online pretendemos, al unísono de proteger el derecho de toda persona a casarse de forma libre, como refleja el art. treinta y dos de la Constitución Española; meditar sobre de qué forma viven las personas con algún género de discapacidad las relaciones cariñosas y la relevancia que estas tienen en la normalización de su día a día.

¿En qué género de discapacidad nos centraremos?

Es esencial recalcar que, alén de los estereotipos existentes en nuestra sociedad, no existe ningún género de discapacidad que impida sentir amor cara otras personas y sostener una relación cariñosa con alguien. La “imposibilidad” procede de nuestros prejuicios, y es que, si de normal ya nos cuesta charlar sobre temas sentimentales, tratándose de las personas con algún género de discapacidad del tema del amor semeja más bien una utopia.

No obstante, como veníamos diciendo, todas y cada una de las personas tenemos la capacidad de sentir amor. No obstante, semeja que, en las personas con discapacidad, estas relaciones son más admitidas cuando la discapacidad es física o bien cuando es sobrevenida, esto es, teniendo ya pareja aparece la discapacidad.

Por ello, en este artículo, y pese a la polémica que se ha creado con discapacidades físicas o bien sensoriales, vamos a centrarnos en las relaciones cariñosas y/o sexuales de las personas que sufren una discapacidad intelectual y que, por lo tanto, sí que precisan de un dictamen médico sobre su capacidad para expresar el permiso del matrimonio.

Todas las acciones llevadas a cabo en este tema desde años atrás se han centrado en el ámbito sexual, dejando a un lado la parte más sentimental. Esto se debe a que dichas acciones han estado marcadas por la corriente eugenista (movimiento político y también ideológico que predica una mejora cualitativa, biológica, “natural” de la población), de manera que la preocupación se ha centrado en eludir que las personas con discapacidad intelectual tuviesen descendencia. Asimismo, las distintas acciones llevadas a cabo con esta población se han centrado en su inclusión en la comunidad, olvidando sus necesidades cariñoso-sexuales.

Desarrollo cariñoso-sexual en personas con discapacidad intelectual 

Las personas con discapacidad intelectual, como hemos dicho previamente, poseen exactamente las mismas necesidades socioafectivas y sexuales que el resto, si bien, por sus restricciones o bien por la carencia de ocasiones de que disponen, no tienen exactamente las mismas posibilidades de resolverlas. Esto se debe eminentemente a:

  • Tener limitado el acceso a ambientes normalizados.

  • Convivir con actitudes sobreprotectoras de sus familiares, complicando el establecimiento de relaciones interpersonales normalizadas.

  • No dispones de modelos positivos próximos.

Como consecuencia de ello, las personas con discapacidad intelectual tienen un déficit en conocimientos, experiencias, habilidades y actitudes sobre las relaciones cariñosas y sexuales; además de esto, pueden desarrollar esperanzas no ajustadas con la realidad sobre exactamente las mismas, provenientes en su mayor parte de los medios, los cuentos, las novelas, películas,…

Para que el desarrollo de este colectivo se genere de forma conveniente, las actitudes de la sociedad, los profesionales y los familiares son un aspecto clave. Por ejemplo, si proseguimos pensando que suministrar programas de educación cariñoso-sexual a este colectivo es un fallo en la medida en que va a despertar su sexualidad, vamos a estar cometiendo el fallo de refrenar algo que es natural en todas las personas o bien, lo que no sé si es considerablemente más grave, dejando que ocurra sin que hayan tenido acceso a la información precisa para vivir el amor y la sexualidad con corrección.

Es decir, la intervención que desde la familia o bien desde el campo profesional se debe efectuar no es otra que proporcionar la información adecuada a su posibilidad de entendimiento a fin de que vivan de forma libre tanto sus relaciones cariñosas como su sexualidad. Debemos olvidarnos de mensajes de aceptación de la esterilización, de procurar privarles de descendencia o bien, normalmente, tener actitudes sobreprotectoras que limiten el desarrollo de este campo de sus vidas.

¿De qué forma es la conducta cariñoso-sexual de las personas con discapacidad intelectual?

No cabe duda que las relaciones cariñosas y sexuales son esenciales en la vida de cualquier persona. Y es que todo humano es un ser sexuado, siendo su conducta sexual la manera de aceptar y de vivir el hecho de ser sexuado. Nacemos con la necesidad primaria de contacto anatómico agradable, y la necesidad de tocar y ser tocados, acariciar y ser acariciados nos empuja a buscar el contacto con otras personas.

La mayoría de los estudios referentes a la sexualidad (entendida como afectividad, apego y desarrollo sexual; no solo genitalidad o bien coito) de las personas con discapacidad intelectual se han centrado en los comportamientos inadecuados, el abuso, la victimización o bien cuestiones relacionadas con la reproducción; todo ello a consecuencia de las falsas opiniones existentes en torno a la sexualidad de este colectivo.

Algo claro es las contrariedades que con cierta frecuencia hallan para solucionar apropiadamente sus necesidades interpersonales y de amedrentad cariñoso-sexual. Muchas de estas contrariedades son producto de los diferentes prejuicios existentes, siendo los más comunes:

  • No deben tener actividad sexual.

  • Son personas asexuadas.

  • No resultan atractivas sexualmente a otras personas (lo que si se piensa bien, es producto de todos y cada uno de los prejuicios existentes en torno a la discapacidad).

  • Todas las personas con una discapacidad intelectual tienen exactamente los mismos intereses sexuales.

  • Son inútiles de sostener una relación cariñosa, no pueden no deben tener hijos-

  • La educación sexual lúcida su sexualidad dormida.

  • Poseen una sexualidad exacerbada, con conductas de carácter hipersexual.

La conducta sexual de estas personas se ve limitada a consecuencia de sus condiciones de socialización y de las ocasiones que tienen para relacionarse con iguales en situaciones normalizadas. De hecho, y creo que a consecuencia de las faltas en la socialización, se ha señalado la masturbación como una de las conductas sexuales más usuales de este colectivo. No obstante, es esencial aclarar que la sexualidad de estas personas no tiene una especificidad definida, estando esta en que sus capacidades mentales, sus peculiaridades sensibles y su historia de comportamientos condicionan la experiencia de su sexualidad.

Afortunadamente, semeja que la percepción social sobre la sexualidad de las personas con discapacidad intelectual empieza a mudar cara puntos de vista más positivos; de forma que en países como Suiza, Dinamarca, Suecia o bien Alemania, la asistencia sexual para personas con discapacidad se considera un servicio de salud, estando subvencionado por el Estado.

Amor y relaciones de pareja

Algunos estudios han puesto de manifiesto la carencia de diferencias entre personas con discapacidad o bien sin discapacidad con respecto al género de relación cariñosa que desean; si bien, como ya hemos citado previamente, en el caso de la discapacidad intelectual, sí que se observa una mayor idealización del amor. Además, se observa que, en lo que se refiere a la selección de la pareja que les agradaría, las personas sin discapacidad si que enfatizan más áreas como la amedrentad o bien el atrayente físico.

Los diferentes estudios muestran que las personas con discapacidad intelectual describen las relaciones de pareja por: los sentimientos de amedrentad, el atrayente físico con la pareja, el deseo de compromiso, las esperanzas de poder casarse y tener hijos, salir juntos y gozar del tiempo juntos, compartir intereses, hacer planes conjuntos de futuro, etc.

Por tanto, está claro que este colectivo tiene exactamente la misma capacidad para querer y ser amados que cualquier otra persona, si bien tal vez puedan precisar algún apoyo para realizar una vida en pareja normalizada, los que pueden ser proporcionados por medio de programas de educación cariñoso-sexual orientados a satisfacer sus necesidades.

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